Erase una vez un hombre que camino
a su casa, encontró una semillita. No sabía de qué era, pero
de todos modos decidió
plantarla. Todos los días
el hombre le echaba agua a
la semillita
plantada, le cuidaba de
los insectos y animales que se le acercaran. Le llevó dentro de
su casa para darle mejores
cuidados y tenerla más segura.
Estaba muy impaciente
porque la
semillita creciera, para ver por fin qué clase de semilla
era.
Muy pronto y
por los buenos cuidados,
la semillita comenzó a
crecer. Unas hojitas pequeñitas
comenzaron a avistarse. El hombre estaba
muy contento de que por fin ya
la
semillita hubiese comenzado a dar
señas de vida.
En unos meses
la pequeña plantita se
convirtió en un lindo girasol.
El hombre estaba fascinado.
Pensó en la buena mano que tenia para hacer crecer
a las plantas.
-"Es muy lindo
este girasol como para tenerlo
aquí fuera de la vista de
todos. Lo voy a sacar
todos los días a mi ventana, así todo el que pase por
aquí lo verá."- pensó el hombre.
Y así lo hizo, todos los
días sin faltar uno, este hombre
sacaba a su hermosa planta a su
ventana, después de haberle rociado
agua. Le dejaba tomar el sol de la mañana
y que le diera el aire
fresco. Al llegar
la tarde el hombre quitaba el girasol
de la ventana y lo ponía en el lugar
que
había destinado para él dentro de su casa...
Día tras día el hombre
repetia la misma hazaña. No se desanimaba en ningún
momento. No se le olvidaba jamás
de cuidar su plantita. Decía -"Quiero
que viva mucho tiempo, nunca dejaré de
cuidarle para que no se seque."-
El
hombre también se ocupaba
de sus otras cosas y a veces se le
olvidaba por ejemplo echar agua a
la planta, o sacarlo a
la ventana a ahora que lo hacía
todos los días. O si no se
le olvidaba quitarlo de
la ventana a la
hora acostumbrada y
el sol castigaba fuertemente los
pétalos de la
planta.
Cada día
el hombre descuidaba más
a su flor. Se olvidaba de
lo que él mismo se había propuesto de
cuidarlo siempre. Hasta
que llegó el día en que
se olvidó por completo.
Olvidó quitarlo de la
ventana.
Esa
noche hubo tormenta. Fuertes
vientos y aguaceros castigaron
sin piedad a la flor. No pudo resistir
tanto embate. Sus pétalos
comenzaron a caerse, sus hojas
igualmente iban siendo arrancadas.
Al final el viento
pudo más y lo
tiró quedando totalmente destrozado en el
suelo. Entre la fuerte lluvia y
el viento lo dejaron sin vida .
Al día siguiente,
cuando el hombre despertó, se dirigió al lugar en
donde siempre tenia su flor. Su corazón dio un
vuelco. Recién recordó que lo había dejado
en su ventana. Corrió a su
ventana, se dio cuenta
de que no estaba ahí. Se asomó
hacia afuera y cuanto fue su dolor
cuando vio al
girasol destrozado en el suelo.
¡Qué triste se
sintió este hombre! Se sintió
culpable. Había descuidado a
lo que tanto trabajo y tiempo le habia
tomado hacer crecer. Todavía a este
girasol le faltaba mucho más por
crecer...
Fué corriendo a
donde yacía el girasol. Ya
nada podía hacer por
él. Mezclados sus
pétalos y hojas con tierra
y escombros, sus raíces
lastimadas ya no
volverían a crecer.
El hombre
lo recogió dispuesto a
tirarlo y justo cuando
lo levantó del suelo vió
una pequeña semillita igual a la
que encotró aquel día.
Cuan grande fue su
alegría. Tenía una segunda
oportunidad de tener
al girasol con él. Tomó la semillita
diciendo -"Ahora sí cuidaré de ella. No dejaré que
nada le pase. No permitiré que
suceda lo mismo que con
este girasol que acabo de perder."
Con esto
en mente, el hombre
se dirigió en busca de
otra maceta para
plantar la semillita. La
plantó dispuesto a esperar
pacientemente que esta creciera como lo hizo la
otra semillita.
Amigos, con la amistad y el amor
es igual. Tenemos que cultivarlos y
cuidarlos día a día. Y si llega el momento
en que los descuidemos y los perdamos, recuerden
que siempre habrá
otra oportunidad para volver a empezar.
Por Miriam (Leona1999) |